El Premio Cervantes se concedió por primera vez en 1976 'como símbolo de la concordia que imperaba en las más altas instituciones del Estado'. Su primer galardonado fue el poeta Jorge Guillén, integrante de la Generación del 27, exiliado tras la guerra civil y residente, a la sazón, en Estados Unidos. Este reconocimiento y su inmediata aceptación fueron el punto de partida para que Jorge Guillén regresara definitivamente a España.
El Premio Cervantes no puede ser dividido, declarado desierto o ser concedido a título póstumo, según las normas que se establecieron después de que en la edición de 1979 el jurado decidiera conceder el premio 'ex aequo' al español Gerardo Diego y al argentino Jorge Luis Borges.
Los candidatos deben ser propuestos por los plenos de las Academias de la Lengua de los países de habla hispana, por los autores premiados en convocatorias anteriores, por las instituciones vinculadas a la literatura en lengua castellana o por los miembros del jurado.
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